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Midterms en EE. UU. y Nicaragua: el margen de maniobra del régimen y la responsabilidad de la sociedad


Por Mauricio Samcam | Viernes 30 de enero, 2026

Introducción

Las elecciones de medio término en Estados Unidos suelen tener efectos más allá de sus fronteras. Para Nicaragua, un escenario en el que Donald Trump —o cualquier presidente estadounidense— pierda el control del Congreso redefine el entorno geopolítico en el que opera el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Este nuevo balance de poder abre espacios de maniobra para el régimen, pero también plantea responsabilidades claras para la sociedad nicaragüense y para la oposición democrática, tanto dentro como fuera del país.

La clave no está únicamente en quién gobierna la Casa Blanca, sino en la capacidad de construir y sostener consensos bipartidistas en el Congreso de EE. UU., un factor que ha sido decisivo en otros procesos de presión internacional y transición democrática.

1. ¿Qué margen de maniobra gana el régimen Ortega-Murillo?

Si la administración estadounidense enfrenta un Congreso adverso o fragmentado, el régimen nicaragüense puede intentar:

a) Ganar tiempo político
La polarización en Washington reduce la velocidad de nuevas sanciones, revisiones legislativas o iniciativas diplomáticas coordinadas. Ortega ha utilizado históricamente el tiempo como un recurso estratégico para desgastar la presión internacional.

b) Explorar divisiones partidarias
El régimen buscará presentar el caso nicaragüense como un tema “ideológico” o de política interna estadounidense, tratando de diluir el consenso bipartidista que ha sostenido leyes clave como la NICA Act o el RENACER Act.

c) Reforzar alianzas extrahemisféricas
Ante una menor cohesión en EE. UU., Managua profundiza relaciones con Rusia, China e Irán, utilizándolas como cartas de negociación y como mecanismos de supervivencia económica y política.

d) Simular apertura sin reformas reales
El régimen podría promover gestos cosméticos —liberaciones selectivas, reformas legales menores— para dividir a la comunidad internacional y reducir la presión legislativa en el Congreso estadounidense.

2. El consenso bipartidista: la verdadera línea roja para el régimen

La experiencia demuestra que el mayor límite al autoritarismo nicaragüense no ha sido un partido político específico, sino el consenso bipartidista en Estados Unidos.
• Las sanciones más efectivas contra el régimen han sido aprobadas con apoyo demócrata y republicano.
• La presión sobre los organismos financieros internacionales ha sido sostenida desde el Congreso, incluso cuando la atención del Ejecutivo fluctuaba.
• La narrativa de derechos humanos y democracia ha logrado mantenerse como política de Estado, no como política partidaria.

Para Ortega, perder ese consenso sería una victoria estratégica. Para la sociedad nicaragüense, preservarlo es una tarea prioritaria.

3. ¿Qué debe hacer la sociedad nicaragüense para reducir el impacto?

a) Despartidizar la causa democrática
La lucha por la democracia en Nicaragua debe presentarse en Washington como un tema de derechos humanos, estabilidad regional y legalidad internacional, no como una extensión de las disputas internas de EE. UU.

b) Fortalecer la diplomacia ciudadana y parlamentaria
La diáspora, organizaciones cívicas y líderes democráticos deben mantener un diálogo constante con congresistas de ambos partidos, comités clave y staffers legislativos.

c) Unificar el mensaje
La fragmentación de la oposición debilita la credibilidad internacional. Un mensaje común —centrado en elecciones libres, liberación de presos políticos y reformas institucionales— es indispensable para sostener el apoyo bipartidista.

d) Documentar y preservar evidencia
Los informes rigurosos sobre violaciones de derechos humanos alimentan decisiones legislativas y judiciales. Sin evidencia, el consenso se erosiona.

4. Lecciones comparadas: Venezuela y otros casos

El caso venezolano ofrece una advertencia clara. Cuando el tema dejó de ser una prioridad bipartidista sostenida y pasó a ser rehén de la polarización interna estadounidense, el régimen de Maduro ganó margen para consolidarse.

En contraste, procesos como el de Sudáfrica o incluso las transiciones centroamericanas de los años noventa muestran que la presión internacional coherente y sostenida, respaldada por amplios consensos políticos, puede facilitar salidas negociadas y reducir los costos sociales del cambio.

Conclusión

Un revés electoral para Trump en los midterms no equivale automáticamente a una victoria para el régimen Ortega-Murillo. El verdadero factor decisivo será la capacidad de la sociedad nicaragüense de preservar y fortalecer un consenso bipartidista en el Congreso de los Estados Unidos, manteniendo a Nicaragua en la agenda como un problema de principios democráticos y estabilidad regional.

La transición no depende solo de cambios en Washington, sino de la madurez estratégica de los actores nicaragüenses para evitar que el país quede atrapado, una vez más, en los vaivenes de la política internacional.

Referencias bibliográficas
• U.S. Congress. Nicaragua Investment Conditionality Act (NICA Act).
• U.S. Congress. RENACER Act.
• Human Rights Watch. World Report: Nicaragua.
• International Crisis Group. A Way Out of Nicaragua’s Crisis.
• Freedom House. Nations in Transit: Nicaragua.
• Levitsky, S. & Way, L. (2010). Competitive Authoritarianism. Cambridge University Press.

Nota del autor

Mauricio Samcam es ciudadano nicaragüense, Ingeniero Agrónomo con especialidad en Desarrollo Rural y Biotecnología. Reside en Canadá en condición de exilio.