Por Marco Aurelio
En política internacional, los regímenes autoritarios no sobreviven únicamente por represión interna. Sobreviven porque logran insertarse en un sistema de equilibrios estratégicos donde ningún actor obtiene mayores beneficios alterando unilateralmente su comportamiento. Desde la perspectiva de la teoría de juegos de John Nash, el régimen de Daniel Ortega en Nicaragua puede entenderse como el resultado de un equilibrio racional —aunque perverso— entre actores internos y externos que, hasta ahora, no encuentran incentivos suficientes para cambiar las reglas del juego.
La pregunta central no es si el régimen es represivo —eso está documentado— sino por qué, pese al aislamiento diplomático, las sanciones individuales y la erosión económica, continúa en pie.
Un equilibrio imperfecto pero funcional
En términos de teoría de juegos, el régimen ha construido un equilibrio donde cada actor relevante percibe que cambiar su estrategia lo dejaría en peor posición:
- Washington impone sanciones selectivas, pero evita una escalada que implique intervención directa o sanciones generales que afecten masivamente a la población.
- Ortega endurece el control interno, pero evita acciones que generen un conflicto regional abierto.
- Rusia y China sostienen vínculos políticos y económicos que elevan el costo internacional de un colapso abrupto.
- El Ejército nicaragüense mantiene lealtad institucional mientras sus intereses corporativos no estén amenazados.
- El gran capital prefiere estabilidad autoritaria a incertidumbre revolucionaria.
- La oposición, fragmentada y en el exilio, enfrenta un severo problema de coordinación estratégica.
Este conjunto de decisiones interdependientes produce lo que en teoría de juegos se denomina un “equilibrio de Nash”: ningún jugador mejora su situación desviándose unilateralmente.
Pero los equilibrios no son eternos.
El factor Washington: presión calibrada y límites estructurales
La política estadounidense hacia Nicaragua ha sido consistente en términos de sanciones dirigidas, aislamiento diplomático y presión multilateral. Sin embargo, Washington opera dentro de límites claros: Nicaragua no es Ucrania ni Taiwán. No es un teatro prioritario en la competencia global.
El cálculo estratégico estadounidense parece orientado a aumentar los costos personales del círculo gobernante sin provocar un colapso caótico que pueda abrir espacio a mayor influencia rusa o china en Centroamérica.
Este enfoque, racional desde la óptica geopolítica, contribuye paradójicamente a la estabilidad del equilibrio actual.
Rusia y China: la variable que altera el juego
La alianza de Managua con Moscú y Pekín no es meramente ideológica; es estratégica.
Para Ortega, estas relaciones cumplen tres funciones:
- Reducen la dependencia económica y diplomática de Occidente.
- Funcionan como disuasión simbólica frente a una presión hemisférica coordinada.
- Le otorgan margen de maniobra narrativa al presentar el conflicto como parte de una disputa global entre potencias.
Mientras estas alianzas provean oxígeno político o financiero, el costo de resistir aumenta menos de lo esperado por Washington.
Sin embargo, el equilibrio depende también de la estabilidad de esos aliados. Si Rusia continúa absorbida por conflictos mayores y China recalibra su política latinoamericana bajo criterios estrictamente económicos, la utilidad estratégica de Nicaragua podría disminuir.
Y allí el equilibrio cambia.
Los poderes fácticos internos: el verdadero punto de inflexión
En teoría de juegos, los cambios de equilibrio no suelen provenir del actor dominante, sino de alteraciones en las expectativas de los jugadores secundarios.
En Nicaragua, tres actores pueden redefinir el juego:
- El Ejército
Su lealtad descansa en la preservación institucional y en la ausencia de costos personales significativos. Si percibe que la continuidad del régimen amenaza su propia supervivencia futura —por sanciones ampliadas, investigaciones internacionales o fractura económica— el cálculo puede variar.
- El gran capital
Históricamente pragmático, ha priorizado estabilidad sobre pluralismo político. Pero si el deterioro económico estructural reduce rentabilidad y acceso a mercados internacionales, el equilibrio corporativo puede desplazarse hacia una transición negociada.
- La oposición
Su desafío es el más complejo: resolver un problema clásico de coordinación. En teoría de juegos, múltiples actores opositores pueden terminar en un “equilibrio subóptimo” si no logran alinearse detrás de una estrategia común. La unidad estratégica no garantiza el cambio, pero sin ella el cambio es improbable.
¿Qué podría precipitar la caída?
Los equilibrios se rompen por shocks:
- Una fractura interna en la élite gobernante.
- Un colapso económico que altere la estructura de incentivos del capital y del aparato de seguridad.
- Un cambio geopolítico que reduzca el respaldo externo.
- Un evento internacional que active mecanismos judiciales o sanciones más amplias.
- Una movilización interna que supere el umbral de represión sostenible. La cual está latente como hierba seca en Abril, porque la mayoría del pueblo los rechaza y lo hará por generaciones, por lo que basta un chispa, solo que esta vez, bajo una coordinación inteligente y no espontánea y sin estrategias, como la de 2018.
Ninguno de estos factores, por sí solo, es suficiente. Pero combinados pueden alterar el cálculo racional de los actores.
Y cuando cambia el cálculo, cambia el equilibrio.
Más allá del determinismo
La teoría de Nash no predice resultados; describe condiciones de estabilidad estratégica. Aplicada a Nicaragua, sugiere que el régimen no se sostiene por invulnerabilidad, sino porque los actores relevantes aún no perciben una alternativa con menor costo.
La historia demuestra que los equilibrios autoritarios parecen sólidos hasta que dejan de serlo.
La pregunta no es si el régimen caerá mañana, sino qué combinación de incentivos hará que los jugadores del tablero consideren que seguir jugando bajo las reglas actuales ya no es racional.
En ese momento, el equilibrio se romperá.
Y Nicaragua entrará en un nuevo juego. Ojalá sea pronto y sin extra-inning.
Referencias (selección)
- Nash, J. F. Equilibrium points in n-person games. (Teoría de juegos – 1950).
- CEIS/CSIS: uso de sanciones y presión internacional sobre Nicaragua.
- Análisis de influencia externa de Rusia y China en América Latina.
- Nicaragua como puente para poderes extra-hemisféricos.
- Escenarios tras cambios geopolíticos regionales.
*Marco Aurelio Nicaragua es ciudadano nicaragüense, exiliado político.
