José Alberto Montoya
La oposición política a la dictadura en Nicaragua nos ha dejado varias escenas en nuestra historia contemporánea bastante interesantes, si bien, no se puede perder de vista los reiterados intentos por parte del régimen de desarticular a las organizaciones y operar con todo para fraccionar todavía más a los liderazgos políticos, eso es indiscutible, no obstante, es importante tratar de entender los pasos intentados por parte de los grupos.
Desde el desgrane y casi extinción de agrupaciones como la Unidad Nacional, la Alianza Cívica, la Unidad Juvenil y Estudiantil; bajo un secretismo haciéndose propio de eufemismos, conocimos como sociedad lo que ya se sabía entre murmullos, un intento por volver a sentar a los mismos a hablar de lo mismo. El proceso Monteverde o la plataforma PUDE, no solo ha traído con ellos, especulaciones y muy poco entusiasmo entre la ciudadanía nicaragüense, también han seguido con acciones que al final no se terminan de entender, como si el sector político del país siguiera con un juego de improvisación cuando estamos a punto de llegar al sexto año desde el inicio de la crisis.
La gira de Monteverde en Europa y las fotos de los expresidenciables e incluso uno de los liderazgos de Unamos, con la extrema derecha europea en un contexto de declive político de estas organizaciones como la desaparición de Ciudadanos en España o la incapacidad del Partido Popular por formar gobierno, no solo demuestra el poco olfato de los “nuevos” liderazgos, también un giro un tanto insensato de la brújula política.
La derecha y la derecha extrema son enemigos naturales de la dictadura en Nicaragua, por el origen ideológico del régimen, es decir, son aliados estables de la oposición, mientras que hay liderazgos en América Latina que resultan ser incidentes en el panorama regional e incluso global en cuanto al tema de Nicaragua se trata. La oposición no se ha encargado de tener acercamientos con gobiernos como el de Bolivia, Honduras, México y Argentina, todo lo contrario, como si no conocieran el contexto de estos países, se aíslan todavía más de la posibilidad de tender diálogos.
En México cabe la amplia probabilidad de que Claudia Sheinbaum asuma la presidencia, y la crisis en Bolivia entre Evo Morales y el actual presidente, Luis Arce, no solo crea oportunidades de establecer nuevas alianzas en un sector que se le ha sido difícil de asumir posturas pero que tampoco se ha demostrado ni insistencias ni intereses por conservarlos como aliados. Yolanda Díaz, actual vicepresidenta española no solo ha sido empática con la crisis en Nicaragua, también pudiera ser clave para entrar a diálogos con la región, pero los opositores han apostado por reunirse con la oposición de Díaz que a la vez, están prontos a desaparecer del mapa político.
El discurso de algunos participantes de los cónclaves en Monteverde no solo hace flacos favores a la tremenda crisis que vivimos en el país por el recrudecimiento de la represión y el asentamiento total de la dictadura. Apuesta a tener el mismo desenlace de los proyectos anteriores, con la diferencia que ahora más que veinte organizaciones son veinte personas colegiadas en uno o dos clubes.
