Ezequiel Molina | Marzo 26, 2025
Necesitamos que nuestra cultura política emigre hacia los nuevos paradigmas del presente siglo, las ideologías son conceptos arcaicos que se desarraigaron por completo con la caída del Muro de Berlín y el surgimiento de un mundo unipolar liderado por Estados Unidos, el cual fracasó por causas diversas que no son objeto del presente artículo; comenzar a repartir culpas entre el somocismo, alineado con Estados Unidos, y el sandinismo, alineado con la extinta Unión Soviética (URSS), es seguir el hilo de una trama que nos aleja de la necesaria unidad que como sociedad hemos pospuesto por casi dos siglos de vida “independiente”. Dicho de manera clara, las apuestas geopolíticas a la que nos han conducido los gobernantes de turno no han producido los frutos prometidos, pero también hay que decir que no fuimos los únicos, además que los contextos históricos y la lógica económica indicaban que debíamos estar adheridos a alguna de las potencias de turno, que en el caso nuestro han sido tres básicamente: España, Estados Unidos y la URSS.
Los residuos del sandinismo que actualmente oprimen al pueblo nicaragüense, además de ser una dictadura patibularia, es evidente que no superó ese apego ideológico, que no pasa de ser un discurso panfletario y totalmente anacrónico, que nos identifica y acerca con la Rusia de Putin o la China de Xi Jinping, lo cual no ha traído en casi 20 años de dictadura, lo que toda sociedad anhela: paz, libertad y prosperidad; y eso no es culpa de los rusos, tampoco de los chinos, porque es lógico que ningún país que sea conducido con responsabilidad económica se arriesgue a invertir en un país dirigido por una pareja cuyo comportamiento raya en la demencia. Las evidencias indican que esas dos potencias sólo han proporcionado limitados recursos económicos a Nicaragua, con el afán de mantener un posicionamiento geopolítico en las cercanías de Estados Unidos, a la espera de nuevos y mejores tiempos para convertirlo en un aliado geoeconómico, que al final es el rol que mejor se ajusta a nuestra posición geográfica y los recursos potenciales con los que contamos. Claramente, la dictadura ha cometido un error estratégico queriendo jugar en un tablero en el que apenas alcanzamos a ser un peón negociable.
Todo parece indicar que un nuevo orden mundial tripolar, China Estados Unidos y Rusia, podría estar próximo y las disputas están a la orden del día, Europa tratando de reacomodarse tardíamente en un complejo escenario sociopolítico y una economía que no atraviesa su mejor momento, además con un tratado militar -la OTAN- que ha perdido prácticamente a su principal socio e inversor (Estados Unidos), dejándola desprotegida de la amenaza rusa, y China manteniéndose alejada de la tercia negociadora Rusia-Estados Unidos-Ucrania, mientras acelera sus pasos para mantenerse a la vanguardia de la Inteligencia Artificial y la economía mundial.
Antes del actual escenario se perfilaban unos BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), bajo el concepto del Sur Global, como un formidable contrapeso a la hegemonía financiera y económica de Estados Unidos, pero dos de los principales socios, Rusia y China, han dejado en punto muerto su empuje, mientras el resto de socios principales han entendido que los cambios que se avecinan demandarán nuevas respuestas.
América Latina y el Caribe debe buscar los caminos de una alianza, menos próxima a la geopolítica y más cercana a la geoeconomía; una especie de Agenda Sur Local que nos perfile como potencia económica, multiétnica y rica en biodiversidad, y así poder jugar con las nuevas reglas del posible entramado mundial que se aproxima. Es un sueño, pero si no lo perseguimos, la pesadilla seguirá siendo nuestro anatema.
