Testimonio del político liberal ex diputado Alfredo Gutiérrez
Hoy hace siete años, el 30 de Junio del 2018, decenas de miles de nicaragüenses marchábamos pacíficamente en conmemoración y para honrar a los niños que habían sido asesinados por las fuerzas militares, policiales y paramilitares del régimen sandinista en lo que se denominó La Marcha de las Flores.
Después de centenares de asesinatos contra de la niñez, la juventud y de todo el pueblo desarmado, al igual que se venía exigiendo en las otras manifestaciones, se pedía al unísono la renuncia de Daniel Ortega, su esposa y todo su régimen.
Al igual que hicimos el 23 de Abril con la marcha hacia la UPOLI, en esta ocasión, ya estando en las inmediaciones de la Rotonda Jean Paul Genie, decidimos marchar con rumbo a la Iglesia de la Divina Misericordia y UNAN-Managua.
Apenas dos días antes, el régimen de Daniel Ortega había enviado un grupo de paramilitares a tomarse ilegalmente una propiedad del empresario Piero Coen (qepd) ubicada sobre la pista Jean Paul Genie.
Marchábamos con dirección hacia abajo (este a oeste), había mucha confusión y se decía que desde las alturas del edificio de Hossana habían apostados francotiradores. No logramos identificar ningún francotirador desde ese ángulo y continuamos la marcha hacia la UNAN-Managua.
Pocos minutos pasaron cuando desde la propiedad de Piero Coen, tomada por los paramilitares, iniciaron los disparos.
La multitud manifestante inició a abrir con fuerza los portones de ingreso a dicha propiedad, cuando entonces, mientras cubría la marcha y dichos sucesos con un Facebook live, un disparo pasó literalmente a milímetros de mi cabeza, impactando la bala en el asta de la bandera que sostenía con mi mano izquierda.
Todo quedó registrado en la filmación del Facebook live.
La bala fue disparada desde un árbol que se encontraba en el interior de la propiedad de los Coen y el ángulo descendiente estaba dirigido a perforar mi cráneo de forma mortal.
Ese microsegundo estuvo a cargo de Dios. Fue Dios y solo Dios, con un divino soplo, el que desvió la bala y evitó mi muerte.
Hoy, siete años después, al igual que cada año y cada ocasión que recuerdo este intento de asesinato, aún se me paran los pelos, se me salen las lágrimas y lloro.
Solo puedo dar eternas gracias a Dios, que siendo esta misma fecha la del cumpleaños de mi padre, accionó con sus designios sagrados para que mi humanidad continuara en esta vida terrenal.
