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Mitos y realidades de la rabia en humanos

Leonel Argüello Yrigoyen, médico epidemiólogo

La rabia es una de las enfermedades infecciosas más antiguas conocidas por la humanidad y, paradójicamente, sigue rodeada de mitos peligrosos. Aunque hoy es 100 % prevenible, continúa causando miles de muertes cada año, principalmente por desinformación y falta de atención oportuna. Veamos qué es verdad y qué no sobre la rabia en humanos y por qué nunca debe subestimarse una mordida animal.

La rabia es una enfermedad viral que afecta al sistema nervioso central. Se transmite principalmente a través de la saliva de animales infectados, por mordidas, arañazos profundos o por contacto de la saliva con mucosas o heridas abiertas. Una vez que aparecen los síntomas, la rabia es casi siempre mortal.

Mito 1: “Si el perro está vacunado, no hay riesgo”.  La vacunación reduce enormemente el riesgo, pero no lo elimina por completo. Toda mordida debe ser evaluada por personal de salud y, de ser necesario, el animal debe permanecer bajo observación durante 10 días. 2: “Solo los perros transmiten rabia”. Además de los perros, pueden transmitir la rabia los murciélagos, gatos, ganado, mapaches, zorros y monos, o sea, mamíferos domésticos y silvestres. En muchos países, los murciélagos son la principal fuente de rabia humana. 3: “Si no hubo sangrado, no hay peligro”. La rabia puede transmitirse si la saliva entra en contacto con la piel lesionada, los ojos, la boca o la nariz, incluso sin sangrado visible.

Mito 4: “Los síntomas aparecen de inmediato”. El período de incubación puede durar semanas, meses o incluso más de un año. Esto da una falsa sensación de seguridad tras la mordida.  5: “Si no fui al médico el mismo día, ya no sirve”. La profilaxis postexposición (vacunas y, en algunos casos, inmunoglobulina) es eficaz, aunque hayan pasado varios días, siempre que no se hayan iniciado los síntomas. 6: “La rabia se puede curar”. Una vez que aparecen los síntomas neurológicos (confusión, hidrofobia, convulsiones), la rabia es prácticamente incurable. La prevención es la única defensa real.

Mito 7: “Las mordidas pequeñas no importan”. Las mordidas en manos, dedos, cara y cuello son especialmente peligrosas porque el virus llega más rápido al cerebro. 8: “Si el animal se ve sano, no tiene rabia”. Un animal puede transmitir rabia días antes de mostrar síntomas. Por eso, los perros y gatos que muerden deben observarse durante 10 días.  9: “La rabia ya no existe”.  La rabia sigue causando decenas de miles de muertes cada año, sobre todo en Asia, África y América Latina. No es una enfermedad del pasado. Aún hay países donde la rabia canina persiste (por ejemplo, Bolivia, Guatemala, Haití y República Dominicana), aunque la tendencia general es hacia la eliminación, como en México.

Mito 10: “Si el perro está vacunado, no hay riesgo”. La vacunación de mascotas reduce enormemente el riesgo, pero no garantiza que el animal no haya estado expuesto recientemente o que la vacuna esté al día. Siempre valora la situación, y si hay mordedura/arañazo acude a atención médica. El perro puede estar vacunado, pero puede que no haya generado anticuerpos, por lo tanto, no está inmune a la rabia.

Mito 11 “La rabia no es común, no pasa nada”. Aunque en algunas zonas está bien controlada, la rabia sigue siendo mortal y prevenible si no se toma en serio. 12: “Un mordisco superficial no transmite rabia”. Cualquier mordedura o arañazo de un animal potencialmente rabioso requiere una evaluación médica. 13:“La rabia no es grave”.  La rabia es una enfermedad viral grave y casi siempre fatal una vez que aparecen los síntomas. Es una zoonosis, es decir, una enfermedad que se transmite de animales a humanos.

¿Qué hacer ante una mordida o contacto sospechoso? Lavar inmediatamente la herida con agua y jabón durante al menos 15 minutos; aplicar antiséptico si está disponible; buscar atención médica de inmediato; no automedicarse; y reportar el incidente a las autoridades sanitarias para observar al perro y aplicar antibiótico en toda mordedura de animal, vacuna antitetánica, vacunas e inmunoglobulina antirrábica en heridas de alto riesgo.