La vida de las mujeres es de batallas permanentes, desde exigir sus más elementales derechos civiles, hasta demandar un trato equitativo en un mundo predominante de hombres en el poder. Y esa lucha persiste alrededor del mundo, a veces las demandas son públicas, principalmente en aquellos países donde existen legislaciones que dan amplias libertades de movilización y expresión ciudadana, pero también existen batallas silenciosas, o más bien silenciadas por administraciones públicas que desconocen los derechos de todos, especialmente de las mujeres, y muy particularmente si se trata de grupos segregados, que en el caso de Nicaragua tienen rostro definido: indígenas y afrodescendientes.
Ahora que pasó la algarabía de la celebración del Día Internacional de la Mujer, estamos de regreso en el mundo real y todo vuelve a la normalidad, un grupo de 19 mujeres están secuestradas por la dictadura acusadas de delitos creados por el estado policial, además se encuentran aisladas en celdas de máxima seguridad y las visitas son limitadas. Más de doscientas organizaciones dedicadas a apoyar y proteger a niñas y mujeres han sido clausuradas por el régimen, lo cual elimina cualquier posibilidad de defensa de las mujeres y niñas en situación de peligro, se sabe que niñas abusadas por familiares siguen viviendo en hogares donde el perpetrador tiene acceso, ya que lo que existe es una orden administrativa de alejamiento, que es sumamente inefectiva; el drama de niñas embarazadas es una constante, y no hay políticas públicas de ningún tipo que remedien este flagelo, que se ha convertido en un problema de salud pública.
La falacia de la pareja dictatorial de promover una política de paridad de género, sólo se cumple en la ejecución de maldades promovidas desde El Carmen. Sólo nos queda llamar a aquellas mujeres que han sido asignadas por la dictadura en cargos de poder en todos los niveles, vinculados a la represión, que van desde cargos ministeriales hasta cargos policiales, que renuncien a esos cargos; es mejor retirarse a tiempo, que pasar la pena de enfrentar un tribunal donde serán acusadas por mujeres víctimas del odio de un grupo de poderosos, principalmente hombres, que seguramente protegerán a sus familias y las abandonarán a su suerte. Recuerden que eso ya ha pasado y no existen posibilidades de que el desenlace del actual episodio dictatorial sea diferente. Háganlo, renuncien, busquen la opción que les brinde seguridad, la generosidad de las mujeres víctimas les reconocerán seguramente ese acto de humanidad.
Ezequiel Molina
Marzo 14, 2024
