Marco Aurelio Peña | Economista, abogado y académico nicaragüense
11 noviembre 2024
La carrera a la Casa Blanca en estas elecciones de EE.UU llegó a su fin. He leído algunos post demasiado emocionalistas sobre eventos que ameritan una lectura racional para inferir algunos aprendizajes. En la esfera política, los latinos, especialmente los nicaragüenses, somos dominados por nuestra pasión cuando deberíamos guiarnos por nuestra razón.
Los últimos comicios apuntan a que la democracia estadounidense pasa por un punto crítico; uno donde el liderazgo de nueva generación tiene la misión de elevar la calidad de los candidatos presidenciables. Los héroes de guerra, los oradores elegantes y los políticos equipados con ideas de avanzada son los grandes ausentes entretanto la gerontocracia se impone con fraseología hueca, brutalidades verbales y sonrisas encantadoras. Los ataques personales sobran y los planteamientos serios faltan. Pasamos por momentos donde los extremos dominan con locura el espectro político y perdemos quienes nos movemos con sentido de sensatez.
En un país con una población electoral de unas 160 millones de personas, las motivaciones ciudadanas para ejercer el derecho al sufragio no se reducen a una contienda entre progres y conservas, entre la radical left y la alt right. Esto está reservado para la burbuja ideológica en un mar de intereses. Si algo demuestran los países anglosajones, es su flexibilidad política en función de las circunstancias al ser herederos en materia de filosofía política del empirismo, del utilitarismo y del pragmatismo.
Por tanto, lo decisivo estriba en valoraciones pragmáticas y realmente importantes. Mi hipótesis fue que los indecisos y los Estados pendulares marcarían la diferencia con el «antivoto». El antivoto es una opción electoral en la encrucijada moral frente a la boleta; es votar no porque un candidato convenza o agrade (mucho menos que su plan de gobierno sea razonable o factible), sino votar para que no gane el otro. Se trata pues de votar «el mal menor». Mi conclusión a posteriori es que el antivoto hacia #KamalaHarris fue muchísimo mayor que el antivoto hacia #DonaldTrump, consiguiendo los republicanos una victoria apabullante.
El financiamiento a los aliados en los conflictos bélicos en Medio Oriente y Ucrania se ha vuelto impopular. En estas elecciones el ciudadano promedio estadounidense basó su preferencia de voto en las expectativas de crecimiento de su economía doméstica y de la economía de su país, las cuales favorecían lógicamente a una eventual Administración Trump. Esto fue altamente determinante. Prueba de ello es que los mercados reaccionaron positivamente a este triunfo electoral, con milmillonarios como #ElonMusk y #JeffBezos respaldando esta opción política. Harris no pudo cambiar la percepción de reflejar la continuidad de la Administración Biden. Su marketing político de presentarse en su momento como afroamericana (sin serlo), la desatención de los problemas internos y el no ofrecer una respuesta innovadora en los asuntos más acuciantes del contexto internacional, no sumaron sino le restaron votos.
Las palabras de «let’s make America great again» no pareciera un simple slogan de campaña, sino un llamamiento eficaz al sentimiento americano de reivindicar aquellos valores que llevaron al país a ser potencia. El mapa electoral rojo en Estados donde había un «muro azul» inclusive, evidencia el deseo de un golpe de timón en política interior y exterior. La campaña de presentar a Trump como «enemigo de los migrantes» no dio resultado cuando se observa el alto porcentaje de electores hispanos (predominantemente hombres) a favor de los republicanos. Trump ganó contundentemente sobre Harris 295 a 226 votos electorales (los últimos números que vi), logrando probablemente mayoría en el Congreso y en el Senado; consiguiendo además ser un presidente con un segundo mandato no consecutivo desde Cleveland en el siglo XIX.
La libre movilidad de las personas (una de las 3 promesas de la globalización junto al libre tránsito de mercancías y la libre circulación de capitales) en la práctica ha derivado en gente de países de renta baja y con autocracia emigrando masivamente a países democráticos y prósperos. Tanto en América como en Europa, esto ha causado tensiones de integración cultural y desafíos en materia de política migratoria, máxime cuando la inmigración irregular es alta y la gente de bien es afectada por gente de mal proceder. La casa debe ordenarse asegurando los derechos humanos de las personas. Aceptar esta realidad sin sesgo emocionalista permite buscar soluciones razonables.
Además de un gobierno de mayorías que respete a las minorías, una democracia se caracteriza por aceptar con civilidad el triunfo del oponente -aunque desagrade-, con la garantía que dentro de cuatro o cinco años habrá nuevamente elecciones generales que premiarán o castigarán a dicho gobierno y a su coalición política. Esperamos que la institucionalidad, los pesos y contrapesos, los intereses multisectoriales, pongan límite a los impulsos y exabruptos atolondrados del presidente electo. Es sumamente positivo y encomiable que la vicepresidente Harris haya reconocido los resultados y que el presidente Biden haya elogiado el sistema electoral de su país, manifestando al unísono los mandatarios del gobierno saliente que se dará una transición pacífica. Esto es un mensaje de distensión política, de reflexión demócrata y de aspirar a una estabilidad necesaria puesto que los enemigos de la democracia occidental acechan y tienen cada vez más presencia en la subregión latinoamericana. Por consiguiente, debe cambiar la política de menosprecio hacia #Centroamérica y de indiferencia hacia #Suramérica.
La democracia estadounidense, con sus imperfecciones, sigue arrojando luces para quienes abrazamos ideales libertadores y valores democráticos frente a regímenes liberticidas, inequitativos y empobrecedores como los de #Cuba, #Nicaragua y #Venezuela.
