Ezequiel Molina | Noviembre 8, 2024
El mapa de las decisiones políticas de Estados Unidos ha cambiado, la campaña presidencial estuvo marcada por una retórica verbal agresiva, orientada hacia el desprestigio personal, muchas veces sustentado en realidades, pero muy alejada de propuestas realistas sobre problemas torales en la vida de los estadounidenses, marcada por una creciente inflación, una volátil situación internacional de conflictividad bélica y un inacabable conflicto sociopolítico en varios países de la región, principalmente Venezuela, Cuba, Nicaragua y Haití, generadora de una desproporcionada oleada migratoria hacia Estados Unidos, alentada por la violencia política, corrupción y pobreza,
El partido demócrata falló al mantener a Joe Biden como candidato presidencial, quien desde fines de junio plantó serias dudas sobre su capacidad cognitiva y física durante un debate televisado entre él y Trump, para finalmente subir a la tarima a la vicepresidenta Harris como su candidata presidencial, apenas tres meses antes de las elecciones. Además, que el tema líder de estas elecciones recayó en el tema económico, tema que en la memoria comparativa de las mayorías, ubica a Trump como como un amplio ganador frente a la administración Biden.
Según un reciente análisis comparativo, Biden/Trump, de la revista Forbes, la inflación durante los primeros 45 meses de la administración Biden alcanzó un elevado 20.1%, contra un 7.1% de Trump en el mismo período temporal, el empleo general creció, desde la llegada de Biden, en un 12%, el salario promedio creció en un 19% y la tasa de desempleo descendió de un 6.7% a un 4.1%; pero Trump también proyectó un fuerte mercado laboral, reduciendo el desempleo de un 4.7% a un 3.5% a finales de 2019 e inicios de 2020, siendo el más bajo desde 1969, mientras promedió un 15% de incremento en los salarios, con una reducida tasa de inflación durante sus 4 años de mandato. El reflejo de estos indicadores en la vida económica del día a día, fue factor decisivo para elegir a Trump como presidente.
¿Qué esperar de la administración Trump para Nicaragua?, un triunfo demócrata seguramente tendría efectos iguales o parecidos en su relación bilateral con la dictadura sandinista, es decir, muy pocos o ninguno. En cambio, la administración republicana podría incrementar las presiones políticas, subir la parada en términos de sanciones económicas y desalentar la penetración china y rusa en Nicaragua; también las recientes aseveraciones del gobierno israelí sobre el papel de Nicaragua como base terrorista iraní, podría también influenciar la redefinición de la política de seguridad nacional de Estados Unidos hacia la dictadura Ortega-Murillo; otro elemento que podría proyectarse en la agenda de esa desgastada relación bilateral, es que Nicaragua ha servido de puente migratorio transcontinental rompiendo toda norma de derecho internacional y alentando el flujo de migrantes ilegales hacia Estados Unidos.
La política anti inmigrante de la administración Trump, que pudiera tener efectos negativos en la amplia comunidad de connacionales radicados en ese país, se disminuye al comparar los beneficios que pudiera tener una política estadounidense dirigida y decidida a debilitar la dictadura, además que podría sumar mayores sanciones y condenas de la Unión Europea y otros países democráticos, incluyendo los de la región latinoamericana.
Podemos esperar que los efectos de tales cambios, logren de una vez por todas, incentivar la unidad de la dirigencia política en el exilio y establecer una hoja de ruta efectiva que nos conduzca al derrocamiento de la dictadura. Los inquilinos de El Carmen deben estar haciendo cálculos de los posibles escenarios que se les presentarán después del 20 de enero próximo, no creemos que esa matemática les esté resultando alentadora.
