¿QUIENES MATARON REALMENTE A PEDRO JOAQUIN CHAMORRO?

Ignacio Briones (TERCERA PARTE)
Publicada originalmente el Miércoles 19 de Enero del 2000

V

A la medianoche del 10 llegó al velorio una información desconcertante. Los informantes decían que en una reunión habida en el Bunker, Anastasio Somoza Debayle había autorizado que turbas a su servicio secuestraran el cadáver de Pedro y que se disponían a llegar en típico asalto a las instalaciones de «La Prensa».

No sé si fue doña Violeta u otro familiar de Pedro Joaquín quien concibió la idea de sacar el cadáver en uno de los furgones cerrados propiedad de la empresa, y trasladarlo a la Iglesia de Las Palmas. Entretanto el ataúd original en que había sido trasladado de la residencia Chamorro-Barrios a «La Prensa» permaneció vacío en el local, donde efectivamente se veló.

Las turbas somocistas no llegaron nunca, pero la expectativa que anunciaba su llegada permaneció durante el resto de la madrugada.

El once se desarrolló el funeral. Una multitud jamás vista lo acompañó. Definitivamente el pueblo estaba indignado y dispuesto a afrontar cualquier tipo de represión que desatara la Guardia. Algunos amigos iban armados y nos recomendaron a varios que hiciéramos lo mismo o sea armarnos. El entierro, decían, podía ser una oportunidad única para que la rebelión se desatara.

No obstante, no hubo mayores alteraciones del orden público en el funeral. Pero lo que sí realmente sería demostrado es que el asesinato del heroico colega había sido o fue el detonante que integró las masas populares contra la dictadura.

–Si ya los Somoza se atrevieron matar a Pedro Joaquín ¿qué podemos esperar nosotros? se preguntaban amplios sectores de la población hasta entonces no beligerantes en la lucha antisomocista.

Por otra parte, personas reflexivas aducían:

–Somoza no es tan estúpido para haber ordenado este asesinato. Es como si se estuviera incendiando el Bunker y quisiera apagarlo echándole gasolina.

No obstante, estas voces sólo eran escuchadas, pero no secundadas. La mayoría no ponía en duda que de manera absoluta el crimen había sido ordenado por el régimen.

VI

Los autores materiales del crimen fueron capturados unos en el mismo lugar que ocurrió éste, en la esquina de la hoy Asamblea Nacional, y otros horas después.

El nombre de Silvio Peña, acusado sin pruebas de haber coordinado el asesinato, empezó a andar de boca en boca. Un cuñado de éste, Jacinto Vélez Bárcenas escribió un libro en defensa de su pariente político. Un libro detallado exhaustivamente en el que probaba o trataba de probar la inocencia de Peña. Llevado ante el Juez Guillermo Rivas Cuadra, Peña empezó a dar declaraciones confusas que cada vez cambiaba, contribuyendo indirectamente a sembrar confusión.

Las averiguaciones por parte del judicial se harían cada vez más tediosas y confusas. Era evidente que el país entero quería saber toda la verdad del asesinato, pero sin dejar de considerar culpable a los Somoza.

VII

¿Qué pasó aquella mañana del 10 de enero de 1978 en el Bunker de Somoza? Por diferentes relatos a los que hemos tenido acceso posteriormente, Somoza recibió la noticia del crimen con tanta sorpresa como cualquier otro ciudadano.

De inmediato propuso a sus parciales que convocaran al Cardenal (entonces Monseñor) Miguel Obando y Bravo para que el purpurado organizara una Comisión Investigadora. Quienes recibieron esta orden dicen que vieron a un Somoza abrumado aquella mañana.

En horas del mediodía se informó oficialmente la petición a Su Eminencia. «La Prensa» del día siguiente dijo que si el Cardenal aceptaba la propuesta del dictador, se haría cómplice del crimen y la Comisión no se integró.

VI

El Dr. Luis Andara Ubeda, amigo de toda confianza de Pedro, actuó por aquellos días como abogado defensor del propietario de Plasmaféris, el cubano Pedro Ramos. Su misión era convencer a Pedro Joaquín para que retirara la campaña contra el Laboratorio que el cubano tenía en la Carretera Norte. A cambio, el cubano retiraría una acusación judicial interpuesta por Ramos contra «La Prensa» y su Director.

A Plasmaféris habían llegado unos cubanos de Miami días antes del asesinato, terroristas de élite, según supimos en la redacción del periódico. Estos supuestos terroristas habían sido sacados del país la misma mañana del crimen por el entonces Embajador de Estados Unidos, el diplomático Mauricio Solaun. Dichos cubanos se habían nacionalizado norteamericano en La Florida.

Se hizo sospechosa su ausencia del país horas después de cometido el crimen.

Curiosamente, durante las investigaciones, «La Prensa» publicó una entrevista con Pedro Ramos, dándole tratamiento de doctor y bastante respetuosa en su contenido.

En cambio enfiló sus baterías más fuertes contra los somocistas señalados como autores intelectuales del asesinato Cornelio Hueck y Fausto Zelaya.

De esta forma el propio periódico contribuía, aunque no fuera esa su intención, a confundir más a la opinión pública.

Cada edición era un ataque demoledor contra el régimen Somoza.

Continúa…

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